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No se sabe aún cuándo murió Julen Roselló, pero hoy, tras trece días en vilo, se supo que el niño está muerto. El fallecimiento fue anunciado la madrugada del sábado después de que los mineros de la Brigada de Salvamento acabasen una galería de cuatro metros en el fondo de un pozo paralelo al pozo en el que cayó Julen el domingo 13 de enero. Por ella pasaron agentes de la Guardia Civil para llegar hasta el cuerpo del pequeño. El hilo de esperanza que todavía se mantenía en Totalán, donde el jueves tuvo lugar una vigilia religiosa a la que acudieron los padres de Julen, se rompió definitivamente después de días en los que se acumularon las adversidades y la mala suerte.

La tierra que se tragó al pequeño estaba compuesta por minerales extremadamente duros, un tipo de roca que llegó a romper la broca de una perforadora y obligó a la Guardia Civil, en las últimas horas, a hacer cuatro microvoladuras durante el trabajo de los mineros. La previsión del tiempo que llevaría el trabajo a mano (una 20-24 horas), no se cumplió. Como no se cumplieron todos los plazos en cuanto comenzó el rescate. Desde el primer día, todo lo que podía ir mal en el rescate de Julen, ha ido peor. El final no fue una excepción.

La noticia pone punto final a una urgencia y abre una investigación judicial sobre un pozo de 113 metros sin sellar y construido sin permisos en medio de una finca rural; la azotea de un rascacielos sin señalizar colocada en medio del monte. ¿Qué hacía y cómo llegó hasta allí un tapón de tierra tan grande que ni un camión de succión pudo eliminar? ¿Pudo Julen arrastrar tras de sí esa tierra? Sobre las dos preguntas ha girado toda la semana la investigación de la Guardia Civil, que una vez aparecido Julen intensificará su trabajo. “La prioridad ahora es la que es”, dijo un agente hace unos días. Cuando se multiplicaban los rumores sobre si el niño se encontraría en el pozo, fuentes de la Guardia Civil afirmaron que tenían la seguridad de que el niño estaba allí, así como que su trabajo era investigar por qué. “Como en cualquier denuncia de este tipo”.

El suceso deja un reguero de dolor en la familia, que es el segundo hijo pequeño que pierde en dos años, y en decenas de personas involucradas emocionalmente en el rescate de niño que, en palabras de Julián Moreno, jefe de los bomberos de Málaga, era “como el hijo de todos”. También deja muchas preguntas pendientes que ahora podrán empezar a ser escuchadas y respondidas.

A Totalán, un pueblo de 700 personas, se llega desde Málaga por una carretera escarpada, de curvas imposibles, que estos días ha soportado un tráfico intenso en el que no han faltado accidentes, como el volcado de un coche de la Guardia Civil. “Totalán, paraíso de camaleones”, anuncia un cartel. Hace nueve años el Ayuntamiento anunció el camaleón como mascota oficial, esencial para el ecosistema por su dieta de insectos, y los niños del pueblo elaboraron azulejos para decorar las fachadas de las casas, donde aún se conservan algunos; una escultura inaugurada hace tres años le rinde culto al animal. Diez metros más adelante, otro cartel anuncia: “Totalán, municipio libre de transgénicos”; aquí se cultiva aguacate, pero existen también cultivos de olivar y almendro. Sin embargo, la fama de este pueblo blanco de las montañas de Málaga, desde donde se puede ver el mar, no se deberá en el futuro ni a los camaleones ni a los cultivos, sino a dos sucesos extraordinarios que han ocurrido en los últimos doce días. Uno trágico, la muerte de un niño de dos años; otro ejemplar, el intento de rescatarlo con vida en unas condiciones durísimas por parte de un dispositivo sin precedentes

Muy pocos mantenían ya la esperanza de que un niño de dos años, después de casi dos semanas y tras una caída de esas características, pudiese haberse mantenido con vida. Ni las teorías más optimistas (una caída amortiguada que hubiese dejado al niño en un lugar con aire, agua y recursos, el último clavo ardiendo al que aferrarse) se sostenían ya desde que el miércoles, cuando se esperaba la entrada de los mineros, un nuevo contratiempo sobre el terreno aplazase casi 48 horas la última fase del rescate. Ese día y esa noticia, la de que el ‘encamisado’ del nuevo pozo no encajaba, cayó como un jarro de agua fría; de cara al exterior, los mensajes lanzados desde el dispositivo de búsqueda empezaron a ser ya más prudentes. Pero fueron ellos, los rescatadores, los últimos de Totalán que creyeron que algo parecido a un milagro podría producirse aún. Hasta hoy.

A falta de lo que diga ahora la autopsia, que informará del momento del fallecimiento y las causas, Julen Roselló, un niño de dos años vecino del barrio de El Palo (Málaga), murió en una finca de Totalán al caerse el domingo 13 de enero a un pozo de 113 metros de profundidad y unos 25 centímetros de diámetro, sepultado por un enorme tapón de tierra que dificultó su rescate al punto de que hubo que hacer de urgencia una obra de ingeniería civil con la esperanza de rescatar al niño con vida. Sus padres, José Roselló y Victoria García, que perdieron en 2017 a otro hijo de tres años por un infarto repentino, declararon a la Guardia Civil que se encontraban ese domingo en la finca de un familiar cuando el niño, corriendo por el monte, cayó en un pozo construido un mes antes para buscar agua.

Lo que ocurrió después de las dos de la tarde de ese domingo, hora estimada de la caída del niño, hasta hoy ha sido un despliegue impresionante de medios alrededor de un pozo maldito. La mala suerte quiso que Julen se cayese por un agujero por el que no cabe nadie mayor que él, el cual se taponó tras la caída, en una zona con un desnivel complejísimo para trabajar y mover tierra y en lo alto de un camino casi inaccesible para maquinaria pesada; cuando por fin estaba todo dispuesto para agujerear la tierra y llegar hasta él, la tierra no se dejó.

Sin conocer el estado del niño, y sin conocer los materiales del terreno al que se enfrentaban y si este era proclive a desprendimientos o derrumbes, a Totalán se han desplazado cientos de personas y decenas de empresas, públicas y privadas, para organizar una operación de rescate sin precedentes que ha consistido en realizar en unos días una obra de ingeniería civil para la que hubieran hecho falta meses. Con la organización de un equipo de trece ingenieros, con la presencia desde el minuto uno de guardias civiles, bomberos y 112, y con el aterrizaje en Málaga de la Brigada de Salvamento Minero de Asturias para ejecutar una operación, la apertura de una galería con martillo, pico y pala tras bajar por un pozo paralelo, que terminó de la peor manera.

Hoy empezará a vaciarse Totalán de voluntarios, equipos de rescate y fuerzas de seguridad del estado. Durante varios días seguirán escuchándose las máquinas en lo alto de una de estas montañas que rodean Málaga, recomponiendo todo lo que se ha deshecho estos días para poder acceder a Julen. En unas semanas este pequeño pueblo, que homenajea al camaleón, recuperará una normalidad perdida de la forma más brutal.

Fuente: El País

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