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Marbella purga sus pecados

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Diez años después del caso Malaya, la ciudad carga con las consecuencias de la corrupción, que tardará 40 años en pagar

Diez años después de las primeras detenciones por el caso Malaya, Marbella aún arrastra el estigma que les regaló el gilismo en forma de deuda, déficit de infraestructuras y desastre urbanístico generalizado. Entre 1991 y 2006 la capital de la Costa del Sol, destino preferido de la jet set durante décadas, sufrió un expolio sistemático por parte de sus supuestos servidores públicos. Diez años después, superada la pesadilla del populismo, la ciudad comienza a renacer pese a que, como señala José Bernal, actual alcalde socialista, “la deuda con Hacienda y la Seguridad Social tardaremos cuarenta años en pagarla”.

No es sólo la deuda con las arcas públicas. Marbella debe destinar más de veinte millones de euros de su presupuesto del 2016, un total de 233, para hacer frente al coste de distintos casos de corrupción, herencia de los Jesús Gil, Marisol Yagüe o Julián Muñoz, y de la ineficaz gestión del PP durante estos últimos años. También debe abonar otros seis millones para pagar el crédito que le concedió la Junta de Andalucía tras la disolución del Consistorio en el 2006.

La imagen más reveladora de lo sucedido en Marbella se encuentra estos días en internet. La Audiencia Provincial de Málaga ha puesto en marcha una página web donde subasta los bienes incautados a Juan Antonio Roca, el cerebro del caso Malaya y mano derecha de Jesús Gil y Gil en el expolio de las arcas públicas.

Los interesados pueden adquirir un patrimonio tasado en más de 72 millones del que forman parte siete viviendas, un hotel y cinco fincas en el campo, pero también obras de arte, colecciones de relojes o de vinos, una colección de carruajes antiguos, una armadura japonesa de ocho piezas, un traje de luces de purísima y oro, una montura de cuero con adornos en plata, un autobús de época y once caballos de pura raza, entre otros objetos.

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¿Cómo pudo llegarse a una situación en la que Gil y Gil hacía literalmente lo que le daba la gana? Los actuales responsables de la ciudad no quieren quitar hierro a la irresponsabilidad de la mayoría de sus vecinos. “El gran éxito de Jesús Gil es que él ganaba mucho dinero, pero también repartía. La gente facilitó aquello con su indiferencia y le dio cuatro mayorías absolutas”, manifiesta Diego Martín Reyes, que presidió la gestora cuando se produjo la disolución del consistorio en el 2006, una medida inédita tras el regreso de la democracia a España. “No se puede negar la realidad de que la ciudad apoyó lo que estaba sucediendo”, remacha el alcalde José Bernal. Como penitencia, los marbellíes tienen que soportar hoy las tasas municipales más altas de toda España.

La era Gil y Gil se caracterizó por el robo y el desfalco pero tampoco se quedan atrás los destrozos causados por un urbanismo caótico, un ayuntamiento poblado con amigos y parientes y una falta total de inversión en infraestructuras. Gil tenía una máxima muy sencilla: “no se invierte en lo que no se ve”. De aquella política proviene el déficit brutal que Marbella presenta hoy en saneamiento, acometida de agua, colegios públicos, residencias de ancianos y un larguísimo etcétera.

Y todo ello se realizó sin que las administraciones tomaran cartas en el asunto hasta que el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero puso punto y final al expolio. Debido a la personalidad mafiosa y pendenciera de Gil, nadie quiso intervenir y le dejaron hacer a su antojo. Gil rompió todos los puentes con las administraciones y convirtió a Marbella en un reino de taifas donde la ley la establecía el alcalde y el que no se sometía lo iba a pagar muy caro. Incluso supo comprar y llevar a su terreno a la oposición socialista, capitaneada por Isabel García Marcos, azote de la corrupción hasta que se cambió de bando. Hoy está en la cárcel por su contribución al robo generalizado. Como también lo está el excapitán del Atlético de Madrid Tomás Reñones, José María del Nido, expresidente del Sevilla, los exalcaldes Julián Muñoz y Marisol Yagüe y varias decenas de personas más.

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Una década después el sol vuelve a salir en Marbella. Ricardo Sánchez, de la Federación de Asociaciones de Extranjeros de la Costa del Sol, asegura que ya no queda rastro de la corrupción. “La inmensa mayoría de quienes están interesados en invertir en la ciudad nunca han escuchado hablar de Malaya, ni siquiera saben quién era Jesús Gil. La imagen de Marbella está completamente regenerada”, señala. Aunque los vecinos de la ciudad no van a olvidar tan rápidamente las consecuencias de la corrupción.

Fuente: lavanguardia.com