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Un juez denuncia la falta de medidas anticovid en juzgados de Marbella

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Creo que al leer la siguiente noticia este juez extrapola la situación que todas las personas que nos dedicamos a la abogacía vivimos a diario en los Juzgados.
«El magistrado Miguel del Castillo del Olmo, titular del Juzgado de 1ª Instancia número uno de Marbella, habitual en sus denuncias sobre la situación judicial del municipio, lamenta ahora la falta de medidas de seguridad frente al coronavirus en los juzgados de lo civil, que vuelve a definir como «nicho judicial» y a los que ahora añade un nuevo problema con la pandemia. 

 

El juez Del Castillo es una de las pocas voces que se alzan desde el mundo de la Judicatura local y ha vuelto a remitir una nueva carta abierta a Marbella24horas (que se puede leer íntegramente más abajo) y en la que analiza la situación judicial con respecto a la pandemia.

Insiste en la precariedad de la sede de la avenida Arias de Velasco de Marbella, donde ahora añade el problema de la falta de seguridad para evitar contagios de coronavirus en los usuarios que hacen cola.

«Una sedienta sede en cuyo exterior hoy constato que tampoco se respetan las normas de salubridad e higiene, ni de prevención de riesgos en general con relación al COVID-19», señala.

Lamenta la cantidad de personas que esperan para acceder a estos juzgados que se agolpa cada día en la acera

«Parece ser que en la acera de los juzgados de Arias de Velasco, como puede contemplar, no hay riesgo. En eso hemos tenido suerte», señala.

Y añade: «puede haber treinta personas “fuera”, en menos de 20 metros cuadrados, bien juntitos, o cincuenta, qué más da…».

«En fin, como digo, desolador, cutre a más no poder. Y además peligroso», insiste.

El texto íntegro de la carta abierta enviada a Marbella24horas es el siguiente:

Postcutrismo judicial

«Estimado conciudadano marbellí, acaso hastiado ya de tanta misiva de talante reivindicativo por mi parte, acaso aún ignorante al respecto, hoy me dirijo a usted justo antes de cruzar el paso de cebra que abarca la mayor proporción de la fotografía que, exactamente a izquierda, puede contemplar sobre estas líneas. No se preocupe, hoy seré más breve, tengo mañana de juicios.

Soy un magistrado de Marbella que, junto con prácticamente cien funcionarios judiciales, asistimos, ya, por fin, a diario, superada o no la pandemia, al nicho judicial que imagino que puede adivinar que se esconde al fondo de la misma fotografía, junto al cual se acumulan decenas y decenas de personas. Admito que no es fácil. La puerta desde la que se puede entrar al juzgado es apenas de metro y medio.

No, no, esos pacientes seres humanos con colmo de paciencia no se aglomeran allí por casualidad. Son abogados, procuradores, peritos, testigos, partes, todos citados o citadas, que tienen audiencia, por una razón u otra, en el interior de la cripta judicial que a todos nos congrega tras esas horribles cristaleras translúcidas, y la tienen hoy, en una de las cuatro salas que como la que puede admirar a la derecha, también sobre estas líneas, acogen la celebración diaria de vistas, o bien en una de las oficinas subterráneas – también llamadas ratoneras – en las que la Justicia se ahoga lentamente en Marbella.

Además, entre esos compatriotas (o no) puede usted observar a otras personas – bebés incluso de por medio – que esperan para inscribir a su hijo, o para hacer una gestión en el registro civil de Marbella, que, bien pensado, lo es de una ciudad despreciada institucionalmente desde la perspectiva del estado civil de las personas…
Quién sabe si entre esas cabezas apiñadas también la hay de alguien que acude infectado por el virus de la curiosidad ante la eventualidad de que detrás de esa rampa carcomida y raspados cristales se esté produciendo un acontecimiento digno de ver…

Y el acontecimiento es evidente: Ha llegado la era del postcutrismo judicial.

Debo confesar que me equivocaba. Cuando criticaba la sede de los juzgados civiles de Arias de Velasco, cuando la describía como tercermundista, como desgracia impeorable (en palabras del Nobel austriaco Peter Handke), debo reconocer que, como tantas veces, erraba. Cuando denunciaba la pasividad de las administraciones prestacionales ante lo que significaba una cruel indignidad y falta de respeto consustanciales al simple hecho de impartir justicia en unos almacenes de muebles llenos de ratas y cucarachas, cuando decía que no había nada peor, no tenía razón del todo, no, créame…

Podía ser peor, y de hecho lo es. Hoy.

En la actualidad, y dado que el único acceso a los juzgados civiles de la grandiosa Marbella es una puerta de menos de dos metros, la única manera de aplicar medidas preventivas ante un hipotético rebrote del virus (que seguro que lo está deseando) en el interior del ataúd judicial donde se presta el servicio, es impedir el acceso del ciudadano o profesional hasta que sea llamado, en tanto lo cual debe permanecer “fuera”.

Será el auxiliar judicial quien, imperativamente provisto de una voz bien alimentada, tendrá a su cargo pronunciar el nombre de aquel o aquella que deban entrar, ya sea a juicio, ya sea al registro, ya sea a otorgar un poder…

La imagen, desde justo el borde del paso de cebra al que me refería al principio, con cuidado de no ser atropellado en un entorno mal señalizado y peligroso (como ya le ocurrió a otro juez por cierto), me vuelve a recordar mis instantes de desolación pretérita, aquellos en que con una mínima pero existente motivación o ilusión, y recién llegado a esta gloriosa ciudad para todo menos para la Justicia, aspiraba a ser escuchado a través de las líneas de un periódico que tuviera a bien compartir mis reflexiones y reivindicaciones. Y en este singular momento, como le he adelantado, concibo que hemos ido aún a peor. Y que muy probablemente todavía pueda ser más cutre.

De no ser por los valientes y sacrificados vigilantes y guardias civiles (no sé porque hablo en plural, porque el “marrón” se lo tienen que comer apenas dos, uno de cada cuerpo, jugándose la salud), todas las personas que usted ve en la imagen captada desde el paso de cebra se adentrarían en tropel y desordenadamente en la cripta judicial, y quebrantarían las normas que exigen una distancia entre individuos para prevenir contagios.

Parece ser que en la acera de los juzgados de Arias de Velasco, como puede contemplar, no hay riesgo. En eso hemos tenido suerte. Nuestro “palacio de justicia” debe ser sagrado en lo que a su perímetro respecta. Quizá exista un halo de energía positiva con partículas de Remdesivir dispersa que al usuario de Justicia protege. Puede haber treinta personas “fuera”, en menos de 20 metros cuadrados, bien juntitos, o cincuenta, qué más da…

En fin, como digo, desolador, cutre a más no poder. Y además peligroso.

Les ruego me disculpen la ironía. En pocos minutos celebraré juicios de familia en la “espaciosa” sala de vistas acristalada que usted puede gozar visualmente a la derecha, como digo, más arriba. En esa lata de sardinas o jaula de normas donde se dirime su divorcio, su reparto de bienes, su liquidación, nunca mejor dicho. Esa cuadrícula inhabitable a la que solo se accede por un pasillo de apenas de dos metros que, por razón de su estrechez, impide que usted pueda esperar dentro, como sería deseable, si la sede hubiese sido escogida con un mínimo de diligencia y previsión hace veinte años.

Pero hay que aguantarse. La administración competente, que ya ha abonado religiosamente por el sótano judicial donde trabajo, en concepto de alquiler, desde que se inauguró, millones y millones de euros (la verdad, no sé a quién), repito, millones de euros, prefiere seguir abonándolos y no complicarse que imaginar, que crear, un mundo mejor, un mundo feliz, en palabras del casi Nobel Aldous Huxley.

Invertir ahora para ahorrar después. Es muy sencillo de comprender.

Y no, nadie, nadie, daría un premio Nobel por esta insufrible gestión, por esta manera ilimitada de hacer mal las cosas en relación con una antisede, sita oficialmente en avenida Arias de Velasco nº 15, que, puestos a dejarlo todo abandonado, usted no podrá siquiera encontrar en el catastro. Una sedienta sede en cuyo exterior hoy constato – es mi juicio al menos – que tampoco se respetan las normas de salubridad e higiene, ni de prevención de riesgos en general con relación al COVID 19.

Y se acercan, sí, llegan los 40 grados, el terral… y no pasa nada, usted, sencillamente espere fuera… Dentro es igual peor aún… ¿Les he hablado del olor…?

Perdónenme de nuevo».

Miguel del Castillo del Olmo. Magistrado de Marbella.»

Fuente: marbella24horas.es